Sedante sea el lente que arroja sus lapsos deformes y con atmósfera de ranas, a la elegida borra. El ojo oculto que la ofrece a la cena, y la hace postre, muerta y deseada.
El que arma su fachada de miserias y le arranca los ojos disimuladamente.
Crocante sea el goce que aún ciego toma el cielo, el tanteo que gotea su pulso tibio y es la oscuridad que la ayuda a comer sus arañas.
Aquella paz falsa, el dormir juntos como dos ataúdes y el te amo de la cama como cucarachas.
El orden podrido sin detalles de ternura, el enlatado deslizamiento casposo de su rara paz.
Ese salvador monstruoso que anda con su red buscando ojos que se ofrecen para su festival de mirar.
El perverso deleite del asco detrás de la carne.
Putrefacto perfume del hombre protector y pájaros de madera en los ojos de la mujer que se aleja.

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