Regalados inicios gestionaron un tiempo adorado para vivirlo, cenaron amados matices que se colaron con sus alteraciones aún en el parecer anormal de lo dulce y todo su encanto que no esconde un fervor de flan en rodeos que encajan maneras eficaces para terminar por algo que la inestabilidad afirma con una seguridad tremenda melosa de una cortante muestra de la parte fugaz de la pulpa cerebral. La que desfila en su tumbada ceguera posando con la distorsión sorpresiva de la miel y su divina nueva soledad.

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